2016 - Primer cuaderno de campo encuadernado a mano con apuntes de la sierra de Guadarrama. Aquella libreta de papel algodón definió el formato que hoy usamos en todas las publicaciones.
2018 - Publicación del primer catálogo de láminas desglosables dedicado a las aromáticas del interior peninsular. La tirada inicial de doscientos ejemplares se agotó en ferias de arte y librerías especializadas.
2021 - Apertura del taller propio en Las Merino, con espacio de archivo para acuarelas originales y prensa de flores. Desde entonces cada volumen se revisa allí antes de enviarse a imprenta.
2023 - Lanzamiento de la serie de jardines históricos, con fichas de bojes, tejos y plátanos documentados en parques urbanos. La colección amplió el catálogo hacia el público del paisajismo.
2025 - Consolidación del fondo editorial con más de cuarenta títulos entre guías de campo, láminas sueltas y cuadernos de artista. El archivo digital reúne ya más de mil doscientas especies registradas.
La historia de Patrick Boie empieza con una libreta de campo y un lápiz de grafito, mucho antes de que existiera la imprenta. Cada etapa del proyecto ha respondido a una misma pregunta: cómo documentar la flora cercana con rigor de archivo y sensibilidad de acuarela. De las primeras salidas a la sierra a la serie de jardines históricos, el trabajo ha crecido sin perder el gesto manual que lo originó. Hoy el estudio conserva ese doble carácter: editorial independiente y taller de ilustración, con un archivo vivo que sigue alimentándose de observación directa y papel texturizado.
Un archivo vivo de la flora ibérica, construido lámina a lámina desde la observación directa y el respeto por el detalle.
Patrick Boie nace de una convicción sencilla: la biodiversidad que nos rodea merece una mirada atenta y un registro cuidadoso. Trabajamos como estudio y editorial independiente para que cada catálogo, cuaderno de campo y lámina sirva a la vez como herramienta de identificación, pieza de colección y testimonio de un paisaje en transformación. Nuestro método combina la acuarela de precisión con la ficha descriptiva, y cada volumen se organiza por estaciones, hábitats y familias botánicas para que el lector encuentre con facilidad lo que busca, ya sea para estudiar, decorar o inspirar su propio trabajo.
Desde los primeros apuntes a lápiz hasta la colección de láminas desglosables: así se ha ido construyendo el catálogo de flora ibérica.
Salidas de dibujo a la sierra de Guadarrama para registrar jaras y cantuesos. De ahí salió la primera serie de fichas de aromáticas, aún en tinta y grafito.
Curso intensivo con la ilustradora Teresa Crespo. Aprendimos a separar aguadas, a usar papel de algodón y a documentar la fenología de cada especie antes de pintarla.
Colaboración con el departamento de paisajismo del Real Jardín Botánico para catalogar bojes, tejos y alineaciones de tilos. Nacieron las láminas en sepia sobre papel texturizado.
Serie dedicada a plátanos de sombra, olmos y moreras de plazas y paseos. Cada lámina incluye una nota de conservación y la localización del ejemplar dibujado.
Lanzamiento de los volúmenes por estaciones y hábitats, con láminas sueltas para enmarcar o archivar. El proyecto se consolida como referencia para coleccionistas y naturalistas.
Nueva línea de cuadernos de campo con fichas descriptivas de hierbas y arbustos mediterráneos, pensada para profesionales del paisajismo y estudiantes de botánica aplicada.
Ilustradores, botánicos de campo y editores que trabajan codo con codo para que cada lámina sea fiel a la planta y útil para quien la consulta.
Fundó el estudio tras años de cuadernos de campo por la sierra de Guadarrama. Decide qué especies entran en cada catálogo y supervisa que la tinta sepia y el verde musgo mantengan la coherencia visual de la colección.
Revisa nombres científicos, fenología y distribución de cada planta antes de que se publique. Sus anotaciones sobre hábitats y épocas de floración evitan errores que luego serían difíciles de corregir en las fichas.
Se encarga de las láminas de mayor aumento: semillas, nervaduras, pelos y brácteas que exigen paciencia y un pulso firme. Su trabajo da a los catálogos ese nivel de precisión que buscan paisajistas y naturalistas.
Compone cada volumen con una retícula sobria que deja respirar las acuarelas. Cuida la tipografía serif, los márgenes y el papel texturizado para que el libro se sienta como un archivo naturalista antiguo, no como una publicación digital.
Organiza las jornadas de observación, gestiona el archivo de apuntes originales y mantiene el contacto con jardines históricos que ceden acceso a sus colecciones. Sin su orden, muchas especies quedarían fuera de los cuadernos.